Titanide Temis

Los aliados de Temis

Cogí aire y solo una frase resonaba una y otra vez en mi cabeza, como en una de las escenas de El Día de la Marmota: “se acabó, ¡si quieren paz, que se preparen para la guerra!”

Como aquel guerrero que vuelve a su piso franco, abre con determinación el trasfondo oculto de su armario ropero, enciende un bombín de tenue luz a través del cual se percibe todo un arsenal para la defensa de la justicia, del bien, de los suyos….

Esa Junta creó a Titánide Temis (aunque en ese momento todavía no lo sabía).

Noche tras noche, cuando mis obligaciones maternales habían llegado a su fin por unas horas, abría las puertas a una parte de nuestro comedor que había ocupado con post-it´s, apuntes, notas, documentos, libros de legislación civil, penal y propiedad horizontal por doquier. Confeccioné un inmenso plano de la urbanización (en Guadalajara). Folio tras folio, me lo iba descargando de la página que La sede electrónica del Catastro ofrecía de manera gratuita a los usuarios. La impresora no daba abasto. Los metros y metros de celo tampoco. Después de casi un mes conseguí acabar. El resultado fue un plano de casi tres por dos metros que hice enrollable para un mejor uso. En ella se visualizaba perfectamente cada nombre de calle, cada número de parcela de un complejo de casi dos millones de metros cuadrados. Sobre ella, podría empezar a apuntar con alfileres y distintos colores toda la estrategia que llevaríamos a cabo.

Dentro de mí, afloró un instinto muy básico: ¡el de JUSTICIA!, el de protección al indefenso, aquel que no supiese combatir la ilegalidad mediante la legalidad, a aquellos que ya pintaban una cabellera plateada y a duras penas comprendían toda la situación, que ya no comprendían a quien debían apoyar, el qué, si todo esto era legal o no. Los mismos que con resignación repetían como un mantra aquello de que “No va a haber manera de sacarlos ni con agua caliente. ¿Quién se va a ocupar de luchar contra esta “mafia”? Si lo tienen todo orquestado y nosotros no sabemos de leyes. ¡Ya se ha intentado tantas veces sin éxito!”.

Una Titánide Temis sin miedo alguno, de instinto guerrero, de combate sin tregua contra la ilegalidad, contra la injusticia, contra el atropello a los derechos y deberes de todos y cada uno de mis convecinos.

Era el momento de lanzarnos con todo el arsenal. Un asalto a La Bastilla en toda regla, que debía ser calculado a la perfección, con el más mínimo detalle, escrupulosamente, con pulcritud, paso a paso, pero con toda la determinación, sin recular en ningún momento, viniese lo que viniese… ¡y vaya si, con el tiempo, vinieron a por mí!

Cogí aire y recordé las palabras de mi guía, de mi ser espiritual, de mi manantial de ideas y discurrir infinito: “¡LO QUE EMPIEZAS, LO ACABAS!”. Reconozco que estas cinco palabras las lloré, sudé y medité duramente y me las impuse también como un mantra en todo este averno, de lo contrario, no sé si hubiera podido seguir adelante con la misma fuerza interior.

Lo que no solemos parar a pensar es que, mientras la legalidad se mueve dentro de unos límites, dentro de un marco, la ilegalidad campa a sus anchas y, a corto plazo, gana muchas batallas, si no todas.

Es en esta visión donde muchos mortales suelen tirar la toalla. Ponen toda su energía y enfoque en superar la primera batalla y, cuando la ilegalidad la domina, sienten que sus esfuerzos han resultado infructuosos, que no merece la pena hacer otro esfuerzo cicerónico de tal calibre con el riesgo de que pueda volver a ocurrir, que tanto esfuerzo no está pagado, que no va a servir para nada. NO es entonces la ilegalidad quien gana, sino la negatividad del pensamiento de uno mismo.

Les puedo asegurar que, aquellos que consideramos líderes, aquellos a quienes tomamos como referente y seguimos, resurgen de sus cenizas una y otra vez… nadie les enseña qué camino tomar, ni cual es el correcto o el más directo. Todo es fruto de trabajo, constancia, CREER que REALMENTE uno puede aportar su grano de arena en esta sociedad, por pequeño que este grano sea en un desierto como el de Gobi. Ese desierto es, en definitiva, la Humanidad, la Sociedad que uno a uno creamos.

¡No es una elección, es una obligación! La obligación de ser la mejor esencia de nosotros mismos. Es complicado, lo sabemos, pero nada es imposible con confianza en uno mismo y PERSEVERANCIA.

Exalé el aire y dije: “ok, ¡allá vamos!”

Me puse a surfear en la red: artículo tras artículo, foros, experiencias personales, historias que más que reales, por lo absurdo y kafkiano que resultaban algunos de los planteamientos foreros, parecían inventadas. Pero ya saben, a veces la realidad supera a la ficción.

Horas y horas de anotaciones de datos, citas, artículos legales… todo lo escribí en un pequeño cuaderno de bolsillo que llevaba a todos lados, cual detective de los de antaño.

Hasta que, de repente, me topé con un artículo que llamó mi atención: https://adminfergal.es/las-limitaciones-como-presidente-de-una-comunidad-de-propietarios/

En ella, se hablaba exhaustivamente de las limitaciones que tiene un presidente en una comunidad de propietarios.

Después de leerlo, mis ojos siguieron varios links dentro de la página de Adminfergal. Iba absorbiendo información conforme leía. No paraba de tomar notas.

Aquella página me aclaró muchas dudas que, como profana en aquel momento de la Ley de Propiedad Horizontal y la legislación en general, tenía.

Nadie en su sano juicio emprende una batalla campal sin estrategia, aliados, defensa y sin armas. Por tanto, y antes de contraatacar la ilegalidad empecé por reunir a mis semejantes, que pensaran en que esto se podía combatir e incluso ganar. Y, lo más importante, creyeran en mí, apostaran por hacer lo correcto, sin importar si en algún momento pudiesen sacar rédito económico a las horas y horas de asesoría jurídica y económica y demás índole, que me estaban regalando, durante lo que se terminó convirtiendo en meses y meses de asesoría.

En definitiva, que regalaban a una Comunidad de Propietarios, cuya mayoría desconocía de su existencia, sin garantías de éxito y, sin que en un futuro pudiesen facturar el hombro que arrimaban a unos vecinos que lo estaban pasando francamente mal.

¡Era un acto de fe, total y absoluto! Pero, como yo, pensaban que la bondad es la única inversión que nunca falla. (Henry David Thoreau)

Ahí estaba D. Miguel Fernández Gallego con su firma Adminfergal. Descolgó el teléfono.

-Dígame- se oyó al otro lado de la línea.

– Si, hola, perdone que le llame de manera tan abrupta y atropellada, pero estoy leyendo sus artículos y creo que es alguien digno de confianza. Tengo la sensación de que Ud. es el dolor de muelas de aquellos que se denominan administradores de fincas, pero no están debidamente colegiados. Tiene pinta de ser un legalista en esta profesión.  Tengo algo muy feo entre manos y me gustaría que nos reuniéramos para que le pudiese explicar todo esto en persona- repliqué con determinación y con una sensación de conexión inmediata. ¿Nunca les ha pasado, que de repente hablan con alguien que no conocen de nada y surgir una empatía dialéctica y parecer que se puede hablar de todo con el receptor?

– ¿De qué se trata? – me preguntó con curiosidad más que entendible.

-Bueno, es largo de explicar, pero mi nombre es Titánide Temis, vivo en una Comunidad de propietarios en un pueblo de Guadalajara de cerca de 2.500 viviendas unifamiliares, con una extensión de cerca de dos millones de metros cuadrados. Desde hace casi una década, se ha instaurado una especie de “reinado de Taifas” con la Junta Rectora actual que regenta esta comunidad. Nada cuadra, las cuentas contables se aprueban a bulto, el presidente se auto postula como presidente junta tras junta, de una manera más que sospechosa. Con la escasa información de la que dispongo, creo saber dónde puede haber desajustes contables y dónde ha podido desaparece el dinero año a año. Pero necesito una consulta y un contraste con alguien que está más familiarizado en el tema. No tengo dinero para poder pagarle, pero prometo compensarle con unos pastelillos de Mallorca si me concede una hora de su tiempo- Crucé los dedos mientras esperaba que ese pequeño “sobornillo” resultara de su agrado.

-Está bien, tengo un hueco pasado mañana a la hora de la comida en mi despacho en Madrid. Le envío la dirección y nos vemos allí-

¡Genial! ya tenía un primer perfil profesional dispuesto a escucharme y darme su opinión con respecto a mis pretensiones.

Ese martes al mediodía me dejé caer en un taxi y de camino a su oficina hice una parada técnica en la pastelería, donde el empleado ya me tenía preparados la bandeja de pastelillos que había prometido.

Me recibió en su despacho y pude enseñarle toda la documentación que había recopilado, así como las cuentas contables de los últimos cuatro ejercicios.

Miguel se tomó su tiempo, fotocopió algunos papeles, volvió a tomar asiento, arqueó la ceja y me dijo – ¿Dónde dijiste que tenías esos pastelillos? No debo, pero te los voy a aceptar porque a esta hora el hambre ya empieza a apretar- me dijo con una muesca sonriente.

Le acerqué la bolsa de la pastelería y le ofrecí la bandeja con gusto.

Prosiguió después de degustar uno de los dulces – ¿sabes qué? ¡Qué tienes razón! – nunca lo expresé públicamente, pero en ese momento, me entró un escalofrío por todo el cuerpo porque alguien ajeno a todo esto creía en mí… ¡era verdad, estaba en lo cierto!

– ¿Eres consciente de que vas a abrir una gran brecha, una batalla campal? ¿A pelear contra Goliat? – me aseveró, para continuar diciéndome – ¡no te preocupes!, esto no puede seguir pasando y te prestaré mis conocimientos en materia de Propiedad Horizontal así como mi experiencia como Administrador de Fincas Colegiado, creo que ya has tenido un buen arrojo llegando hasta aquí y pretender acabar con algo que consideras una injusticia. ¡Es lo mínimo! –

Continuará…

Por Titánide Temis

Guadalajara

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