La junta "amañada". Los personajes de la Junta Rectora

La junta «amañanda». Los personajes de la Junta Rectora en una Comunidad de Guadalajara

¡No, no puede ser! Así de sencillo ¡No suma!

Nunca imaginé que con esta frase abriría la “caja de Pandora” que me llevaría por un periplo en busca de la verdad, en busca de una transparencia informativa contable y posterior conversión en presidenta de un macro complejo urbanístico de un pueblo de Guadalajara.

Esta es la historia real de un suceso inverosímil que desgranaremos semanalmente en diversos episodios (pues no es pequeña mi historia), esperando poder evitar que este hecho vuelva a ocurrir en ninguna urbanización, en ninguna comunidad de vecinos de bien, en ningún lugar de España. Y, si pasara, al menos arrojar algo de luz e iluminar los pasos de aquel que quisiera seguir mi estela. Que no ha sido otra que la de destapar un auténtico “reinado de Taifas” en la mismísima estepa alcarreña.

Todo comenzó al poco de adquirir nuestra vivienda. Mi familia y yo estábamos encantados de encontrar, por fin, la casa de nuestros sueños y echar raíces. Un estupendo chalet independiente con un gran jardín y piscina para mis hijas en una urbanización de más de 2.000 viviendas que, a su vez, pertenecía a un pueblecito encantador de la provincia de Guadalajara.

Dicha urbanización tenía algunos servicios comunes como conserjería y seguridad 24h, servicio de recogida de enseres y podas, administración… por tanto, ello conllevaba a pagar religiosamente la cuota comunitaria trimestral para el mantenimiento dichos servicios.

En una mañana cualquiera del mes de julio del 2015 abrí el buzón y me encontré nuestra primera convocatoria a Junta General Ordinaria como propietarios.

Aquí he de hacer un inciso e indicar que, como licenciada en económicas y empresariales que soy, me picó la curiosidad por echar un vistazo al balance, a las cuentas contables y a los puntos del orden del día para esa reunión próxima.

Pero, ¡que cuentas tan simplistas! – pensé para mí- una relación de lo presupuestado en el ejercicio 2014 y un realizado de este mismo año, un sencillo balance y, por último, una relación de gastos consumados de enero a mayo del 2015.

En ese momento me percaté que llevaba sin celebrarse una Junta General desde hacía ¡¡17 meses!! Curioso, teniendo en cuenta que la Ley de Propiedad Horizontal en su artículo 16.1 indica que las Juntas se celebrarán al menos una vez al año, es decir, en los siguientes doce meses desde la última.

Con el tiempo entendí que esto ya constituía un patrón reiterativo en una Junta regida por un presidente que, a todos los efectos, ofrecía sus servicios de manera altruista, pero, en realidad era quien se auto postulaba de manera poco ortodoxa Junta tras Junta, “amañando” los votos.

Me autoconvencí que el hecho de mantener una línea simplista en los datos económicos podía deberse a que no todo el mundo tendría por qué tener conocimientos contables, sobre todo aquellos vecinos de respetable edad que quizás se aclaraban de esta manera y así sería como, quizás, se hubiese acordado.

Llegó en día de la Junta. Me identifiqué en la entrada de Auditorio con mi DNI (recuerden que somos unas 2.000 propiedades, es decir, a una media de 4.000 cotitulares. El DNI se hacía imprescindible para la correcta identificación al comienzo de la misma) y busqué un sitio en las primeras filas del auditorio pues había sitio de sobra. De hecho, me sorprendió que, siendo tantos vecinos, apenas llegásemos a una treintena ahí congregada. ¡¡Pronto entendería por qué!!

Dio comienzo la reunión: propietarios asistentes, 241; en persona, 35; por delegación 206…. ¡y ninguno de los vecinos asistentes aportábamos delegaciones de nuestros estimados vecinos! Por tanto, deduzcan Uds. Quien traía tal cantidad de delegaciones, y, por ende, de votos, bajo el brazo….

 La mesa presidencial la conformaban el presidente, quien llevaba ostentando su cargo desde hacía al menos una década, el administrador (afectado por los rescoldos de una grave enfermedad que le impedía hablar. Motivo por el cual traía a un familiar a las reuniones para que intercediera por él), el letrado (especialista en Derecho Deportivo. Cómo descubrí con el tiempo) quien llevaba vinculado a la comunidad algo más de una década y era, a todos los efectos, el defensor a ultranza de los intereses y derechos de sus clientes: La Junta Rectora.

¡Sí, ha leído bien! Los vecinos le pagábamos la iguala (y no solo se quedaba ahí, como explicaré más adelante) mientras que unos pocos miembros de la Junta disfrutaban de que estuviese a sus servicios. A los servicios del presidente. Además, el Sr. Abogado tenía patente de corso para emprender todas las acciones judiciales que tuviesen a bien acordar entre él y el presidente, emprendiendo procedimientos monitorios y ejecuciones, anotaciones de embargos a los vecinos deudores, sin un criterio lógico. Más bien, era una sensación de que, a aquellos propietarios morosos que les declaraban la guerra o se quejaban de sus actuaciones, les amenazaban con dichas acciones.

Por último, y como telonero teníamos a “El Bigotes”, asesor informático de la comunidad de forma oficiosa, pero un ser siniestro, oscuro y retorcido que en realidad manejaba todos los hilos del día a día de la vida comunitaria. El presidente era su hombre de paja y la mujer de El Bigotes, Ms. Daisy, colocada a dedo y endosada contractualmente a cada administrador que por ahí pasaba, conformaban el elenco de administrativos de los quehaceres diarios de la oficina comunitaria.

Quien toma la palabra al comienzo de la junta es el familiar del administrador. El presidente está, pero sin ganas.

En ese momento, y durante la lectura para la aprobación de la cuenta de gastos del año anterior, un vecino se levanta en la sala y en voz alta y rotunda hace saber al presidente que es conocedor de cierto asunto de cobro de comisiones con uno de los proveedores comunitarios, otro vecino la invita a que deje paso a una regeneración democrática después de ostentar su puesto durante tantos años (en el acta posterior este incidente se redactaría de la siguiente manera: “ de nuevo se producen comentarios discriminatorios contra la persona del Presidente. El Administrador les recrimina su reiteración, insistiendo en que cesen en sus observaciones”)

En ese momento me di cuenta de que había un ambiente bastante sombrío, con olor a rancio, a podredumbre, nada transparente, donde había más para esconder bajo una alfombra que mostrar y… ¡esto ya tenía que venir de lejos!

En definitiva, el hastío hasta la enésima potencia de los vecinos más veteranos que veían como año tras año seguía la misma orquesta y la misma música.

Levanté la mano con tranquilidad, pero con decisión y seguridad -dado que Uds. han salido nuevamente reelegidos por décima vez, me preguntaba si me permitirían incorporarme al equipo de vocales para poder formar parte activa de la vida comunitaria y ayudarles en la medida de los posible con mis conocimientos en materia económica – pregunté sin titubeos. Me picaba una tremenda curiosidad por descubrir qué se traían entre manos a puerta cerrada. Y la única manera de saberlo, era ésta.

Su respuesta fue contundente: “Los estatutos de la comunidad en uno de sus artículos recoge literalmente que la Comisión Rectora estará compuesta por cinco propietarios. El presidente de la comunidad elegido por mayoría, según el escrutinio, hace constar que ya tiene su propio equipo de gobierno que conforma la Comisión Rectora por lo que no hay lugar a cualquier incorporación de otros posibles vocales

Continuará …

Titánide Temis

2 thoughts on “La junta «amañada». Los personajes de la Junta Rectora”

    1. Buenas tardes Juan Jesús.
      Agradecerte tu seguimiento e interés por este artículo novelado. Esperamos que os esté gustando. Hoy día 18 de octubre hemos sacado el segundo artículo facilitado por Temis y así o seguiremos haciendo tanto en cuanto ella nos siga proporcionando los capítulos.
      Creemos que la historia va a ser una historia que nos facilitará la situación de una comunidad de propietarios y la falta de transparencia en sus gestiones. Porque si hay una palabra trascendental en todo este entramado es la palabra transparencia. Esperamos Que Titánide Temis siga siendo puntual en la aportación de sus artículos.
      Muchas Graicas.
      Saludos
      Miguel

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