Propuestas constructivas en las viviendas para la mejora de la accesibilidad de las personas con movilidad reducida (PMR)
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Basándonos en la información aportada por Salvador Jiménez Hidalgo, (https://adminfergal.es/colaboradores/salvador-jimenez-hidalgo/) este artículo aborda una cuestión que, aunque a menudo se percibe como futura o ajena, constituye uno de los grandes retos actuales del diseño residencial: la accesibilidad real y efectiva en las viviendas, no solo en aquellas específicamente calificadas como adaptadas, sino en el conjunto del parque residencial.
1. El problema silencioso de la accesibilidad en la vivienda
En España, la normativa vigente establece que, en las promociones de vivienda protegida, un mínimo del 4 % de las viviendas deben destinarse a personas con discapacidad, porcentaje que en la práctica puede llegar al 10 % en algunas promociones. Sin embargo, esta cifra deja sin respuesta una pregunta clave: ¿qué ocurre con el otro 90 % de las viviendas?
Propuestas constructivas en las…
La realidad social y demográfica española ofrece una respuesta clara. Vivimos en una sociedad cada vez más envejecida, con una esperanza de vida creciente y con un aumento significativo de personas que, en algún momento de su vida, pueden ver reducida su movilidad, ya sea por edad, enfermedad o accidente. La accesibilidad no es, por tanto, una cuestión minoritaria, sino una necesidad estructural que afecta, antes o después, a una parte muy significativa de la población.
2. La vivienda como espacio vital a lo largo del tiempo
La mayoría de las personas que acceden a una vivienda —ya sea pública o privada— no lo hacen pensando en una situación de dependencia futura. Se casan o forman pareja, crean una familia, se integran en un barrio, establecen vínculos sociales, médicos, comerciales y afectivos con su entorno. Con el paso de los años, ese entorno se convierte en parte esencial de su identidad.
El problema surge cuando, casi sin darse cuenta, llegan las limitaciones físicas. Hijos que se independizan, jubilación, enfermedades degenerativas o accidentes que obligan al uso de una silla de ruedas. De repente, la vivienda que durante décadas fue un hogar se convierte en un espacio hostil, imposible de recorrer con autonomía.
Puertas estrechas, pasillos insuficientes, baños impracticables o cocinas inaccesibles hacen que muchas personas se vean obligadas a abandonar su vivienda, no por deseo, sino por imposibilidad física y económica de adaptarla.
3. El coste económico y emocional de no prever la accesibilidad
Desde una perspectiva técnica y profesional, resulta especialmente llamativo comprobar cómo muchas de estas situaciones podrían haberse evitado con decisiones mínimas adoptadas en fase de proyecto. La experiencia acumulada durante años en el ejercicio como administrador de fincas y como técnico de la edificación demuestra que:
- El coste de prever la accesibilidad en proyecto es prácticamente nulo.
- El coste de adaptar una vivienda ya construida puede ser inasumible, especialmente para personas jubiladas o con ingresos limitados.
- El impacto emocional de abandonar la vivienda habitual es, en muchos casos, devastador.
No estamos, por tanto, ante un problema técnico complejo, sino ante una falta de enfoque preventivo en el diseño residencial.
4. Cuatro medidas constructivas clave para una vivienda accesible
La propuesta central que se plantea se basa en cuatro medidas constructivas sencillas, de bajo impacto económico en fase de proyecto y de enorme repercusión positiva a largo plazo:
4.1. Puertas de paso adecuadas
Las puertas interiores deberían contar, como mínimo, con una hoja de 70 cm, siendo altamente recomendable alcanzar los 80 cm. Esta diferencia, aparentemente insignificante, marca la frontera entre la autonomía y la dependencia para una persona usuaria de silla de ruedas.
4.2. Pasillos con anchura suficiente y zonas de giro
El ancho del pasillo debería situarse entre 1,10 y 1,20 metros, incorporando, además, al inicio, al final o en un punto intermedio, una zona de giro de 1,50 x 1,50 metros que permita la rotación completa de una silla de ruedas. Esta zona puede integrarse de forma natural en espacios como la cocina o el baño, sin necesidad de incrementar de forma significativa la superficie útil de la vivienda.
4.3. Espacio de maniobra en la cocina
La cocina, uno de los espacios más utilizados de la vivienda, debe permitir un espacio libre de maniobra de 1,50 metros entre los elementos y las paredes. Esto no solo facilita el uso por personas con movilidad reducida, sino que mejora la funcionalidad general del espacio para cualquier usuario.
4.4. Espacio de maniobra en el baño
El baño es, sin duda, el espacio más crítico. Garantizar un área libre de 1,50 metros entre sanitarios y paramentos permite un uso autónomo y seguro, reduce riesgos de caídas y facilita futuras adaptaciones con un coste mínimo.
Con estas cuatro medidas, la inmensa mayoría de las viviendas serían intrínsecamente accesibles, tanto en el presente como en el futuro.
5. El papel del promotor y el falso dilema del beneficio
Uno de los principales obstáculos para la implantación de estas soluciones no es técnico, sino económico y conceptual. El problema surge cuando se considera que una vivienda ligeramente más amplia o con una distribución distinta puede afectar al margen de beneficio del promotor.
Sin embargo, esta visión ignora varios aspectos fundamentales:
- El sobrecoste en fase de proyecto es mínimo.
- La mejora en calidad y valor de la vivienda es significativa.
- La accesibilidad incrementa la vida útil funcional del inmueble.
- El parque residencial se adapta mejor a una sociedad envejecida.
Más que un coste, la accesibilidad debería entenderse como una inversión social y patrimonial.
6. Marco normativo: límites actuales y oportunidades de mejora
Actualmente, la accesibilidad en viviendas se encuentra condicionada, en gran medida, por el Documento Básico SUA 9 del Código Técnico de la Edificación, que establece unos mínimos claramente insuficientes para garantizar una accesibilidad real y universal.
La normativa se centra en viviendas calificadas como accesibles, dejando fuera a la mayoría del parque residencial. Esta aproximación sectorial resulta obsoleta en un contexto demográfico como el actual.
El Real Decreto Legislativo 1/2013, por su parte, reconoce el derecho a la igualdad de oportunidades y a la accesibilidad universal, pero su traslación práctica al diseño residencial sigue siendo limitada y, en muchos casos, reactiva.
7. La jurisprudencia y el concepto de “ajustes razonables”
La jurisprudencia reciente ha ido reforzando el concepto de ajustes razonables en materia de accesibilidad, especialmente en el ámbito de las comunidades de propietarios. Los tribunales han venido reconociendo que la accesibilidad no es un lujo, sino un derecho vinculado a la dignidad de la persona.
No obstante, cuando la accesibilidad no se ha previsto desde el origen, entran en juego criterios de proporcionalidad económica, mayorías cualificadas y, en ocasiones, largos conflictos vecinales. Todo ello podría evitarse con un diseño inicial más consciente y responsable.
8. La Guía de Prescripciones Técnicas de la Vivienda Accesible: una oportunidad histórica para transformar el modelo residencial
La elaboración de la Guía de Prescripciones Técnicas de la Vivienda Accesible, en el seno de la Comisión Técnica de Accesibilidad de Urbanismo y Edificación, representa una oportunidad histórica para corregir una de las grandes carencias del modelo residencial español: la falta de una accesibilidad pensada desde el origen y no como una adaptación forzada y tardía.
Hasta ahora, el marco normativo en materia de accesibilidad en viviendas ha sido claramente insuficiente y fragmentado. El Documento Básico SUA 9 del Código Técnico de la Edificación ha supuesto un avance, pero limitado, al circunscribirse a un número reducido de viviendas calificadas como accesibles, sin ofrecer una solución global al conjunto del parque residencial. Este enfoque ha generado un sistema dual: viviendas “accesibles” frente a viviendas “no accesibles”, cuando la realidad social exige exactamente lo contrario: viviendas preparadas para ser accesibles a lo largo de toda su vida útil.
La Guía de Prescripciones Técnicas puede y debe superar este planteamiento restrictivo, introduciendo un cambio de paradigma basado en los siguientes principios:
8.1. Accesibilidad como criterio de calidad residencial
La accesibilidad no debe entenderse como una excepción normativa ni como una obligación impuesta por la discapacidad, sino como un criterio de calidad arquitectónica y funcional. Una vivienda accesible es, en términos objetivos, una vivienda mejor diseñada, más cómoda, más segura y más adaptable a distintos perfiles de usuario.
Incorporar prescripciones claras sobre anchos de paso, radios de giro y espacios de maniobra no limita la creatividad del proyectista, sino que establece mínimos de dignidad habitacional, del mismo modo que lo hacen las exigencias de ventilación, iluminación o seguridad estructural.
8.2. Superación de los mínimos del CTE
Uno de los grandes valores de la Guía es la posibilidad de superar los mínimos actuales del CTE, que, en muchos casos, responden más a un equilibrio normativo que a una solución real de uso. Las cuatro medidas propuestas —puertas adecuadas, pasillos amplios, espacios de giro y maniobra en cocina y baño— constituyen un estándar razonable, técnicamente viable y económicamente asumible.
Estas prescripciones no implican un aumento significativo de superficie construida, sino una mejor distribución del espacio, que incluso puede repercutir positivamente en la percepción de amplitud y funcionalidad de la vivienda.
8.3. Prevención frente a adaptación: el verdadero ahorro económico
La Guía permite avanzar hacia un modelo preventivo, frente al modelo actual, eminentemente reactivo. Adaptar una vivienda ya construida para una persona con movilidad reducida implica, en muchos casos:
- Demoliciones de tabiques.
- Sustitución de carpinterías interiores.
- Reformas integrales de baños y cocinas.
- Costes elevados y largos plazos de ejecución.
- Necesidad de desalojar temporal o definitivamente la vivienda.
Frente a ello, prever la accesibilidad en fase de proyecto supone un coste marginal, prácticamente inexistente, que evita conflictos jurídicos, problemas sociales y situaciones de exclusión residencial.
8.4. Impacto social y territorial de la Guía
La implantación generalizada de estas prescripciones tendría un impacto positivo no solo a nivel individual, sino también a nivel urbano y social. Permitiría:
- Que las personas envejezcan en su propio hogar.
- Reducir la presión sobre recursos asistenciales y residenciales.
- Mantener la cohesión social de barrios consolidados.
- Evitar desplazamientos forzosos de población vulnerable.
La Guía, por tanto, no debe verse únicamente como un documento técnico, sino como una herramienta de política social y urbana, alineada con los principios de accesibilidad universal, envejecimiento activo y derecho a una vivienda digna.
9. Conclusiones: diseñar viviendas accesibles no es una opción, es una responsabilidad colectiva
La accesibilidad en la vivienda no puede seguir tratándose como una cuestión marginal, excepcional o vinculada exclusivamente a situaciones de discapacidad reconocida. Es, en realidad, una cuestión estructural, ligada al ciclo vital de las personas y a la evolución demográfica de nuestra sociedad.
A lo largo de este artículo se ha puesto de manifiesto que:
- La mayoría de las limitaciones de accesibilidad actuales no responden a dificultades técnicas, sino a decisiones de diseño evitables.
- El coste económico de prever la accesibilidad en fase de proyecto es mínimo, mientras que el coste de no hacerlo es elevado, tanto en términos económicos como humanos.
- La falta de accesibilidad obliga a muchas personas a abandonar su vivienda habitual, con el consiguiente impacto emocional, social y económico.
Desde el punto de vista jurídico, la tendencia normativa y jurisprudencial es clara: la accesibilidad se configura cada vez más como un derecho vinculado a la dignidad de la persona, no como una concesión graciable ni como una carga excesiva para terceros. Los conflictos que hoy se dirimen en comunidades de propietarios, juntas y tribunales son, en gran medida, el resultado de una planificación deficiente décadas atrás.
Desde una perspectiva técnica y profesional, los arquitectos, aparejadores, promotores y administraciones públicas tienen en sus manos la capacidad de anticiparse al problema, diseñando viviendas que no expulsen a sus ocupantes cuando cambian sus circunstancias personales.
Diseñar viviendas accesibles no significa renunciar a la rentabilidad, ni incrementar de forma desproporcionada los costes de construcción. Significa construir mejor, con mayor visión de futuro y con una responsabilidad social acorde a la realidad de nuestro tiempo.
La Guía de Prescripciones Técnicas de la Vivienda Accesible representa una oportunidad para avanzar hacia un parque residencial más humano, más inclusivo y más resiliente. Desaprovecharla sería perpetuar un modelo que ya ha demostrado ser insuficiente.
En definitiva, la accesibilidad no debería ser una adaptación tardía ni una obligación impuesta por la necesidad, sino un principio básico del diseño residencial. Porque una vivienda verdaderamente digna es aquella que puede acompañar a sus habitantes durante toda su vida, sin obligarles a marcharse cuando más la necesitan.
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